Barroco en el Vaticano – Arte y cultura en la Roma de los Papas
Exposición
Lugar: Martin-Gropius-Bau
Del 12 de abril al 10 de julio de 2006
Exposición
Lugar: Martin-Gropius-Bau
Del 12 de abril al 10 de julio de 2006
Organización
Centro de Artes y Exposiciones de la República Federal de Alemania, Bonn,
en colaboración con los Museos Vaticanos, la Fábrica de San Pedro, la Biblioteca Apostólica Vaticana, el museo Martin-Gropius-Bau y el Festival de Berlín.
Centro de Artes y Exposiciones de la República Federal de Alemania, Bonn,
en colaboración con los Museos Vaticanos, la Fábrica de San Pedro, la Biblioteca Apostólica Vaticana, el museo Martin-Gropius-Bau y el Festival de Berlín.
La exposición “Barroco en el Vaticano: arte y cultura en la Roma de los Papas” agrupa alrededor de 300 obras artísticas. Cedidas algunas de ellas en préstamo por primera vez, estas muestras pertenecientes a las entidades colaboradoras del Vaticano, la Biblioteca Apostólica Vaticana, la Fábrica de San Pedro y los Museos Vaticanos, tienen por complemento otros préstamos procedentes de numerosas colecciones europeas.
La historia de la construcción y el ornato de la Basílica de San Pedro es el hilo rector que pasa por las diferentes secciones de la exposición. Fueron partícipes de la construcción los arquitectos más célebres de aquella época, entre ellos Bernini, Borromini, Sacchi, Guercino y Reni. Los notables proyectos de Gianlorenzo Bernini relacionados con la Basílica de San Pedro –el Baldaquino, la Cátedra, los monumentos funerarios de los Papas y la Plaza– pueden apreciarse en la exposición a través de dibujos, maquetas, bocetos y esculturas. Las pinturas pertenecientes al altar de la basílica han sido objeto de escasa atención hasta la fecha porque en su tiempo fueron reemplazadas por copias de mosaicos.
El público tendrá la oportunidad de “redescubrir” los originales en Berlín, entre ellos el Martirio de San Erasmo, de Nicolas Poussin, prestada por la Pinacoteca Vaticana, o el ciclo de pinturas de Sacchi para los altares del crucero, propiedad de la Fábrica de San Pedro.
En la Roma papal de finales del siglo XVI y del siglo XVII se concentran como en un prisma las corrientes religiosas, artísticas y científicas de la época. Roma “es como la Plaza Mayor del mundo, tanto por sus reliquias de la Antigüedad como por las atracciones modernas que uno puede visitar y que son admiradas casi todas por igual”, comentaba en 1623 el Embajador de Venecia. A esta “Plaza Mayor del mundo” acudían todos los públicos a admirar los logros artísticos, espirituales y científicos más recientes. De ahí que los Papas y sus cardenales, las grandes órdenes religiosas así como las familias de la nobleza romana aprovecharan el arte y la ciencia con perseverancia y con éxito para glorificar a la Iglesia renovada por la Reforma católica y atraer la atención hacia sus representantes tanto vivos como muertos.
El que el arte desempeñara un papel tan preponderante justamente en Roma para legitimar el poder y la gloria tuvo sus raíces en la estructura política vigente hasta la fecha de los Estados Pontificios, que corresponde a la de una monarquía electiva: cada elección alteraba las relaciones de poder entre el Papa, los cardenales, la nobleza romana y las poderosas órdenes religiosas. El fomento de las artes y las ciencias era, pues, un recurso habitual para evidenciar al mundo el puesto que ocupaba el mecenas en el campo de tensión entre el poder espiritual y el poder político y para mantener el mayor tiempo posible las posiciones conquistadas.
El arte barroco obra sobre los sentidos por la interacción entre arquitectura, pintura y escultura, reuniendo luz, material y colorido en armoniosa convivencia. La exhibición intenta transmitir esa impresión al espectador incorporando diversos medios, como pinturas, esculturas, tapices, paramentos, libros, grabados y dibujos. Se presentan en ella las grandes obras surgidas bajo el patronazgo de los Papas, de los cardenales y de las órdenes religiosas, centradas en los ejemplos más destacados (y más bellos). Se cuentan entre esos encargos, por ejemplo, la construcción y el ornato de palacios familiares y mansiones, la edificación de capillas familiares y, ante todo, la construcción y el acabado interior de las grandes iglesias de las órdenes religiosas. Sirvieron también a los fines de representación en la Roma del Barroco las omnipresentes festividades religiosas y seculares que se celebraban con gran boato y con la colaboración de los artistas más señeros de la época. El lujo y el refinamiento del nuevo conjunto urbano se dieron a conocer al público europeo mediante grabados en cobre de gran formato.
Un CD creado expresamente para la exposición recoge la cultura musical del Vaticano barroco. Por ejemplo, el Miserere de Giorgio Allegri, escrito en 1638 para el Papa Urbano VIII, pasó a ser la composición más célebre de la época, una exclusividad de la orquesta papal cuya copia estaba prohibida so pena de cárcel.
La atención del continente europeo se centraba no sólo en el arte romano: en efecto, Roma y el Vaticano cobraron igual importancia como mecas de la ciencia gracias, entre otros, a las relaciones que mantenían con las órdenes de misioneros en todo el mundo.
La Biblioteca Apostolica Vaticana y el círculo que rodeaba al Cardenal Cesar Baronius fueron determinantes en la fundación de la historia eclesiástica crítica y el surgimiento de la arqueología cristiana. Los nuevos enfoques aplicados a las investigaciones relacionadas con la demolición de la basílica antigua de San Pedro dieron fuertes impulsos al desarrollo de la historia del arte en su versión moderna.
La romana Accademia dei Lincei, paradigma de todas las academias actuales de ciencias, desempeño un papel precursor en el desarrollo de nuestra visión moderna del mundo. Inspirada por el lince y su agudeza visual, la Accademia se propuso nada menos que el estudio del theatrum totius naturae, la plasmación gráfica de todos los fenómenos naturales. Redescubiertos hace poco, los dibujos de los Lincei se cuentan entre las ilustraciones más detalladas de la época inspiradas en la historia natural. A los “ojos de lince” les debemos la primera reproducción realizada con el auxilio del microscopio: sirvió de modelo la abeja, un detalle significativo por haber sido el animal heráldico del Papa Urbano VIII.
La exhibición documenta la participación activa de los Papas y de las órdenes religiosas, sobre todo de los jesuitas, en la creación de la visión moderna del mundo en relación con la astronomía. Incorporado al Lincei en 1611, el hombre de ciencia más insigne de la época, Galileo Galilei, cultivó la amistad del Papa Urbano VIII: más de 30 cráteres de la Luna ostentan nombres de jesuitas. El jesuita Adam Schall von Bell fue el primero y único europeo nombrado astrónomo de la corte por el Emperador de la China.
La exposición también recoge por cierto las dificultades que supuso el conciliar los conocimientos conquistados mediante nuevos instrumentos, como el telescopio y el microscopio, y la aplicación consecuente de las matemáticas, ciencia rectora de aquel siglo, con la Biblia, la tradición y, ante todo, con la exégesis papal. La sección de la muestra concebida en colaboración con el Centro Hermann von Helmholtz de Técnica y Civilización de la Universidad de Humboldt, Berlín, no se limita a presentar documentos, instrumentos y “artefactos prodigiosos” de la época: el público, bajo la guía de expertos, puede hacer uso de las réplicas de los principales instrumentos, lo que permite forjarse una idea inusitada y a menudo sorprendente de la cultura científica del Barroco romano en consonancia absoluta con la época.
Las ciencias y las artes producen efectos similares conforme a la teoría del arte de ese entonces: su misión consistía en producir stupore y meraviglia (asombro) entre los espectadores. Así se despierta la curiosidad, se pone en marcha el proceso cognitivo y se conserva al mismo tiempo el placer estético: he ahí también el objetivo que se propone la exposición Barroco en el Vaticano.
La historia de la construcción y el ornato de la Basílica de San Pedro es el hilo rector que pasa por las diferentes secciones de la exposición. Fueron partícipes de la construcción los arquitectos más célebres de aquella época, entre ellos Bernini, Borromini, Sacchi, Guercino y Reni. Los notables proyectos de Gianlorenzo Bernini relacionados con la Basílica de San Pedro –el Baldaquino, la Cátedra, los monumentos funerarios de los Papas y la Plaza– pueden apreciarse en la exposición a través de dibujos, maquetas, bocetos y esculturas. Las pinturas pertenecientes al altar de la basílica han sido objeto de escasa atención hasta la fecha porque en su tiempo fueron reemplazadas por copias de mosaicos.
El público tendrá la oportunidad de “redescubrir” los originales en Berlín, entre ellos el Martirio de San Erasmo, de Nicolas Poussin, prestada por la Pinacoteca Vaticana, o el ciclo de pinturas de Sacchi para los altares del crucero, propiedad de la Fábrica de San Pedro.
En la Roma papal de finales del siglo XVI y del siglo XVII se concentran como en un prisma las corrientes religiosas, artísticas y científicas de la época. Roma “es como la Plaza Mayor del mundo, tanto por sus reliquias de la Antigüedad como por las atracciones modernas que uno puede visitar y que son admiradas casi todas por igual”, comentaba en 1623 el Embajador de Venecia. A esta “Plaza Mayor del mundo” acudían todos los públicos a admirar los logros artísticos, espirituales y científicos más recientes. De ahí que los Papas y sus cardenales, las grandes órdenes religiosas así como las familias de la nobleza romana aprovecharan el arte y la ciencia con perseverancia y con éxito para glorificar a la Iglesia renovada por la Reforma católica y atraer la atención hacia sus representantes tanto vivos como muertos.
El que el arte desempeñara un papel tan preponderante justamente en Roma para legitimar el poder y la gloria tuvo sus raíces en la estructura política vigente hasta la fecha de los Estados Pontificios, que corresponde a la de una monarquía electiva: cada elección alteraba las relaciones de poder entre el Papa, los cardenales, la nobleza romana y las poderosas órdenes religiosas. El fomento de las artes y las ciencias era, pues, un recurso habitual para evidenciar al mundo el puesto que ocupaba el mecenas en el campo de tensión entre el poder espiritual y el poder político y para mantener el mayor tiempo posible las posiciones conquistadas.
El arte barroco obra sobre los sentidos por la interacción entre arquitectura, pintura y escultura, reuniendo luz, material y colorido en armoniosa convivencia. La exhibición intenta transmitir esa impresión al espectador incorporando diversos medios, como pinturas, esculturas, tapices, paramentos, libros, grabados y dibujos. Se presentan en ella las grandes obras surgidas bajo el patronazgo de los Papas, de los cardenales y de las órdenes religiosas, centradas en los ejemplos más destacados (y más bellos). Se cuentan entre esos encargos, por ejemplo, la construcción y el ornato de palacios familiares y mansiones, la edificación de capillas familiares y, ante todo, la construcción y el acabado interior de las grandes iglesias de las órdenes religiosas. Sirvieron también a los fines de representación en la Roma del Barroco las omnipresentes festividades religiosas y seculares que se celebraban con gran boato y con la colaboración de los artistas más señeros de la época. El lujo y el refinamiento del nuevo conjunto urbano se dieron a conocer al público europeo mediante grabados en cobre de gran formato.
Un CD creado expresamente para la exposición recoge la cultura musical del Vaticano barroco. Por ejemplo, el Miserere de Giorgio Allegri, escrito en 1638 para el Papa Urbano VIII, pasó a ser la composición más célebre de la época, una exclusividad de la orquesta papal cuya copia estaba prohibida so pena de cárcel.
La atención del continente europeo se centraba no sólo en el arte romano: en efecto, Roma y el Vaticano cobraron igual importancia como mecas de la ciencia gracias, entre otros, a las relaciones que mantenían con las órdenes de misioneros en todo el mundo.
La Biblioteca Apostolica Vaticana y el círculo que rodeaba al Cardenal Cesar Baronius fueron determinantes en la fundación de la historia eclesiástica crítica y el surgimiento de la arqueología cristiana. Los nuevos enfoques aplicados a las investigaciones relacionadas con la demolición de la basílica antigua de San Pedro dieron fuertes impulsos al desarrollo de la historia del arte en su versión moderna.
La romana Accademia dei Lincei, paradigma de todas las academias actuales de ciencias, desempeño un papel precursor en el desarrollo de nuestra visión moderna del mundo. Inspirada por el lince y su agudeza visual, la Accademia se propuso nada menos que el estudio del theatrum totius naturae, la plasmación gráfica de todos los fenómenos naturales. Redescubiertos hace poco, los dibujos de los Lincei se cuentan entre las ilustraciones más detalladas de la época inspiradas en la historia natural. A los “ojos de lince” les debemos la primera reproducción realizada con el auxilio del microscopio: sirvió de modelo la abeja, un detalle significativo por haber sido el animal heráldico del Papa Urbano VIII.
La exhibición documenta la participación activa de los Papas y de las órdenes religiosas, sobre todo de los jesuitas, en la creación de la visión moderna del mundo en relación con la astronomía. Incorporado al Lincei en 1611, el hombre de ciencia más insigne de la época, Galileo Galilei, cultivó la amistad del Papa Urbano VIII: más de 30 cráteres de la Luna ostentan nombres de jesuitas. El jesuita Adam Schall von Bell fue el primero y único europeo nombrado astrónomo de la corte por el Emperador de la China.
La exposición también recoge por cierto las dificultades que supuso el conciliar los conocimientos conquistados mediante nuevos instrumentos, como el telescopio y el microscopio, y la aplicación consecuente de las matemáticas, ciencia rectora de aquel siglo, con la Biblia, la tradición y, ante todo, con la exégesis papal. La sección de la muestra concebida en colaboración con el Centro Hermann von Helmholtz de Técnica y Civilización de la Universidad de Humboldt, Berlín, no se limita a presentar documentos, instrumentos y “artefactos prodigiosos” de la época: el público, bajo la guía de expertos, puede hacer uso de las réplicas de los principales instrumentos, lo que permite forjarse una idea inusitada y a menudo sorprendente de la cultura científica del Barroco romano en consonancia absoluta con la época.
Las ciencias y las artes producen efectos similares conforme a la teoría del arte de ese entonces: su misión consistía en producir stupore y meraviglia (asombro) entre los espectadores. Así se despierta la curiosidad, se pone en marcha el proceso cognitivo y se conserva al mismo tiempo el placer estético: he ahí también el objetivo que se propone la exposición Barroco en el Vaticano.
Visitas guiadas
Sábados y domingos a las 16.00 horas: 3 € p.p. más la entrada de 4 €
Grupos
Visitas guiadas anunciadas para grupos no escolares y grupos escolares
Para grupos no escolares:
Visita guiada (60 min) 45,- € más la entrada de 4 € p.p.
Para grupos escolares:
Visita guiada (60 min) 30,- € más la entrada de 2 € p.p.
Inscripción
FührungsNetz des Museumspädagogischen Dienstes Berlin,
Tel. +49 (0)30 902 699 444
Fax +49 (0)30 902 699 443
| www.fuehrungsnetz.de
Sábados y domingos a las 16.00 horas: 3 € p.p. más la entrada de 4 €
Grupos
Visitas guiadas anunciadas para grupos no escolares y grupos escolares
Para grupos no escolares:
Visita guiada (60 min) 45,- € más la entrada de 4 € p.p.
Para grupos escolares:
Visita guiada (60 min) 30,- € más la entrada de 2 € p.p.
Inscripción
FührungsNetz des Museumspädagogischen Dienstes Berlin,
Tel. +49 (0)30 902 699 444
Fax +49 (0)30 902 699 443
| www.fuehrungsnetz.de
